LA FUENTE DE BACO: Nostalgia del río

Escrito por aranpress 14-03-2016 en Aranjuez. Comentarios (0)

Por Carlos López

El río, ese tajo que agrieta la felicidad de los ribereños (los de Aranjuez). Y todo por el grifo desaforadamente abierto que desde Bolarque desangra el curso fluvial más largo de la península hacia tierras del levante y sureste español. Una tubería de 292 kilómetros que comenzó a funcionar de modo regular allá por 1981 y que cada año hace que viaje hacía el Segura mucha más agua de la que pasa por Aranjuez.

Un trasvase ideado durante la II República por el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo bajo los auspicios del entonces ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto. En cambio, la habilidad de la izquierda y los ecologistas ha grabado en la memoria colectiva la idea de que esto fue una ocurrencia franquista. Bien es cierto que fue en 1969 cuando se retoma el proyecto y comienzan las obras. Y en el 79, con Franco ya desaparecido, se hace el primer envío. El trasvase, lo único ajeno a aquella animadversión entre nacionales y republicanos.

Desde entonces, la historia es sabida. Según tengamos de seco el año hidrológico el asunto del trasvase es más noticia o lo es menos. Con momentos estelares, como aquellos del 94-95, con una sequía extrema y el ministro Borrell instaurando los célebres 6 m3/s de caudal ecológico. Ya lo dijo después en una cena aquí con sus compañeros socialistas, “Felipe me decía que diera más agua y yo le decía que había la que había, que no había más”.

Y en todo este tiempo en Aranjuez no hemos sido capaces de hacernos oír. Ni Real Sitio, ni Patrimonio de la Humanidad, ni pírrica agricultura, ni nada de nada. Los ribereños hemos sido siempre un poco lilas a la hora de enfrentarnos a las reivindicaciones del Tajo. En realidad, vista la experiencia desde que esto comenzó a ser un problema más serio, no hemos sabido defenderlo.

En cambio, allá por el sureste lo bordan. Hagan el intento y empiecen a escudriñar por internet. Los argumentos a favor de la necesidad de enviar agua a Murcia y Almería son demoledores y cubren como la marabunta los enlaces a los que te lleva google.

Así, uno tiene al alcance de la mano que la agricultura de aquella zona produce 100.000 empleos y aporta al PIB español nada menos que 2.634 millones de euros al año. A lo que hay que añadir también los ingresos turísticos. Por más que uno indague no aparece nada sobre lo que supone entre Bolarque y Aranjuez el agua del Tajo.

No nos engañemos, para la mayoría de la población de Aranjuez el río no es más problema que la pujanza del Atleti de Simeone o los terremotos que sacuden al banquillo del Real Madrid.

El único argumento que se usa es la nostalgia. La nostalgia del río. Todo son fotos del Mangas cuando joven, del pozo de la Pavera lleno de gente allá por los 70, del Rancho Grande como si fuera Copacabana o del Puente de Barcas con los tirillas de hace décadas tirándose de cabeza. Y así nos va.

La nostalgia no sirve para convencer a quienes no han conocido otro río que el que tenemos desde que se abrió el trasvase, o sea, más o menos, al 41,9% de población nacida tras su inauguración. A los que habría que añadir a los que eran muy niños y no tienen ya noción de cómo bajaba el Tajo.

Si quienes tienen que tomar decisiones sobre qué hacer con el agua ven cómo reivindicamos el asunto, no es de extrañar que sean de disparo fácil a la hora de aprobar envíos al Segura.

Si a eso le añadimos que no somos ni capaces de reunir a un millar de vecinos a dar voces para que nos oigan, apaga y vámonos. Y la cosa va en descenso. Al menos hace veinte años, nos llegábamos a juntar hasta tres mil personas en las esporádicas manifestaciones. En la de septiembre casi no sumamos ni el millar pero, eso sí, nos tomamos al sol unas cervezas de la hostia. Y cada vez irá menos gente. Si al menos los ecologistas fueran más de tener hijos a quien concienciar que perros a los que pasear, quizás mantuviésemos un mínimo de tensión en el futuro.

El Tajo, entre Bolarque y Aranjuez, apenas tiene un área de influencia con algo menos de 81.000 habitantes, de los que el 72% viven en el Real Sitio. Con esto mimbres lo tenemos mal para que nos escuchen. En cuanto arreglen un poco lo de la contaminación aguas abajo, en Talavera y Toledo cerrarán el chiringuito de la protesta y todo será nostalgia.

Nostalgia de la barca de Chocolate, de la cadena que salvaba bañistas en Salivilla, del agua que se desbordaba por la Rotura y aquellos días en que todavía el Jarama desembocaba en el Tajo.

Como dijo Umbral en el balcón consistorial, “más agua para el Tajo, coño”, aunque me temo que nos van a seguir haciendo el mismo caso. Bueno, quizás nos envíen de vez en cuando a la cuadrilla de podadores para sanear un poco las orillas.